El Estado del Bienestar desarrollado en la Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial está basado en un pacto de protección social sobre el itinerario laboral masculino. Este pacto presuponía un modelo de división entre lo público y lo privado donde el papel de la mujer sería doméstico y de repro-ducción, basado en la provisión de servicios y cuidados personales, mientras que el rol del varón sería el de proveedor de ingresos y de derechos ciudadanos.
Los cambios del itinerario vital y social de las mujeres han puesto en entredicho este modelo, pero no ha surgido uno nuevo basado en otra forma de distribución del espacio (público y privado) y del tiempo (retribuido y no retribuido).
Es cierto que se está iniciando una tendencia a compartir el cuidado de hijas e hijos, pero permanece prácticamente inalterable el que la atención a personas mayores y enfermos sea tarea casi exclusiva-mente femenina, unas veces (la mayoría) realizada por lazos de carácter consanguíneo y otras a través de una mano de obra femenina informal y con una relación laboral en precario. Tal y como demuestran los datos, en muy pocos casos esta tarea es realizada por los servicios de protección social.
Esta relación asimétrica tiene claras consecuencias para las mujeres, no sólo en las limitaciones para la incorporación a la actividad remunerada y el desarrollo de la carrera profesional, sino también en el propio desarrollo personal, en la capacidad de tomar decisiones, en la de participar en la esfera política, sindical o asociativa, en definitiva, en el acceso a los puestos de decisión y a la generación de un modelo paritario de representación social.
Pese a que, en nuestro país, la protección y el gasto social han crecido, aunque solo en términos absolutos y no en proporcionales al PIB, no lo han hecho desde la perspectiva de género. De hecho, el traslado del cuidado de las personas dependientes a otras instituciones (donde, por cierto, muchas mujeres trabajan como asalariadas) está siendo muy lento.
Esta situación reviste especial importancia en la actualidad, dadas las tendencias demográficas que evidencian un mayor peso de las personas dependientes, con discapacidades y enfermedades crónicas. Las consecuencias de esta situación requieren de una respuesta por parte de los poderes públicos de claros matices económicos y fiscales.
Si dicha respuesta se basa en el principio de "transversalidad", se solventará adscribiendo los cuidados a trabajadores remunerados; la otra alternativa es la adscripción de la satisfacción de la demanda a personal no pagado (familia y voluntarios).
En este Seminario, CELEM pretende analizar la situación del sistema de protección social en nuestro país y las distintas alternativas que surgen, tanto desde el punto de vista de su incidencia en la mejora de atención y cuidados a las personas, como en su influencia en favorecer la inserción laboral y social de las mujeres.
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